
Alentado por su exitosa experiencia en concesiones interurbanas, en 1999 el Gobierno de Chile decide hacer realidad un sueño largamente acariciado por los santiaguinos: “las Autopistas Urbanas”, que se convirtieron en el sistema vial más moderno de Sudamérica, integrándose en un mismo sistema de peaje de flujo libre, que permite recorrer la ciudad sin detenerse.